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PROZAC PARA LA CLASE POLÍTICA

  Jorge Buendía

> Las élites del país necesitan Prozac. El nivel de enfrentamiento entre los partidos es tal que es imperativo recetarles una dosis de Prozac para dar lugar a la moderación y a los acuerdos. La segunda vuelta electoral es lo más cercano al Prozac Institucional. Un instrumento de este tipo tranquilizaría los ánimos de los contendientes a la Presidencia.

> El gobierno de Felipe Calderón erró en el diagnóstico de los males políticos que aquejan al país pero, para su fortuna, en su receta de reforma viene el remedio para la enfermedad. El error: el principal problema de diseño institucional en México no es la ausencia de mayorías en el Congreso, sino la polarización política, especialmente la partidista. La inexistencia de acuerdos legislativos es simplemente una consecuencia de la distancia que separa a una élite partidista de otra. A la polarización PAN-PRD derivada de los comicios de 2006 se le ha añadido en semanas recientes el renacimiento del histórico conflicto PRI-antiPRI.

> La distancia entre los partidos es tal que la parálisis legislativa resulta natural, particularmente si tomamos en cuenta que las reformas constitucionales también requieren de la aprobación de la mayoría de los congresos estatales (en manos del PRI).  Aun sin una mayoría legislativa, el partido gobernante podría pasar sus reformas si generara puntos de acuerdo entre los diferentes partidos. La interrogante es cómo generar esos puntos de acuerdo o, en otras palabras, cómo reducir la distancia entre una fuerza política y la otra.

> La respuesta está en la segunda vuelta electoral. El gobierno de Calderón la propuso para generar una mayoría en la elección del presidente de la República y así apuntalar la legitimidad del primer mandatario. Pero el principal efecto de la segunda vuelta es moderar las posturas de los contendientes y de generar puntos de acercamiento entre ellos. Con segunda vuelta electoral en 2006, López Obrador no se habría polarizado en la campaña. A sabiendas de que una segunda vuelta electoral contra Calderón sería inevitable, lo racional habría sido tender puentes hacia el electorado de la tercera fuerza partidista, hacia los priístas. Sólo con ellos se alcanzaría el triunfo en la segunda ronda y, como es sabido, el electorado tricolor es conservador y adverso al riesgo.

> Otro ejemplo: la victoria de Sebastian Piñera en Chile se debió a la moderación de la derecha. El candidato de la Concertación, Frei, buscó mantener viva la polarización de la era pinochetista, el histórico conflicto dictadura-democracia, pero Piñera no cayó en la trampa. Por el contrario, dado que la tercera fuerza electoral provenía del campo socialista, Piñera buscó acercarse a ese electorado y una manera de hacerlo fue manifestando que bajo su gobierno no habría cabida para altos funcionarios de la dictadura.

> La segunda vuelta electoral reduce la distancia entre las posiciones de los candidatos, en especial entre quienes ocupan las primeras tres o cuatro posiciones electorales. Este acercamiento disminuye la polarización. Además, el electorado mexicano no está polarizado. Si lo estuviera la coalición lopezobradorista seguiría intacta y la victoria priísta en 2009 habría sido impensable. En México, son las élites, y no los votantes, quienes viven en un mundo polarizado. Requerimos de Prozac Institucional.



  
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