* Estamos en el cuarto año de gobierno del presidente Calderón y los vientos de la sucesión presidencial ya se avizoran. Una vez que arribe el quinto año de gobierno, el futuro se apoderará del presente. Todo indica que, para efectos prácticos, los próximos 12 meses constituyen la única ventana de oportunidad para avanzar en las distintas reformas que el Ejecutivo impulsa. A estas alturas del sexenio, debiera ser evidente para el Presidente que echarle ganas no es suficiente para alcanzar los objetivos deseados. El combate al narcotráfico ofrece una gran lección: sin la estrategia adecuada, funcionarios honestos y voluntariosos están condenados al fracaso.
* Tampoco se trata de contar con buenas ideas. Para desgracia nuestra, los legisladores no se rigen por el criterio de la calidad de las propuestas o de los beneficios sociales que éstas generen. La reforma política propuesta por el presidente Calderón es infinitamente superior a cualquiera de las propuestas avanzadas por la oposición, pero dormirá el sueño de los justos. En cambio, seguramente se aprobarán algunas reformas que complementarán el adefesio electoral que fue aprobado en el primer tramo de este sexenio.
* Si no basta con echarle ganas o con tener buenas ideas, ¿qué le queda al gobierno de Calderón? En primerísimo lugar, tiene que tener claro con quién gobierna, quiénes son sus aliados. A pesar de contar con la Presidencia de la República, el peso político de Acción Nacional es limitado. Su peso legislativo es importante pero insuficiente y, a nivel de gobiernos locales, son una fuerza minoritaria. Por ello es fundamental establecer alianzas para aprobar su agenda y, en general, para ser el motor de la vida política del país. Lamentablemente, el gobierno calderonista, y su partido, han dado tumbos en su materia de alianzas. La palabra más generosa que puede describir su comportamiento es errática.
* Al inicio del sexenio, el PRI se convirtió en su principal aliado; Calderón pudo literalmente tomar el poder gracias al respaldo del tricolor. Ante la intransigencia del PRD, y del grupo lopezobradorista en particular, el principal interlocutor de Calderón fue el PRI. La relación empezó a cambiar en vísperas de los comicios intermedios y se reflejó en mayores diferencias entre Acción Nacional y el PRI. La victoria de éste, sin embargo, obligó al gobierno federal a volver a los brazos tricolores. Entonces, la aprobación del presupuesto se convirtió en el principal eje de negociación entre ambos partidos sólo para desmoronarse una vez que la lógica electoral del PAN se impuso sobre la lógica de gobierno. Las alianzas en contra del PRI en diversos estados anunciaron el fin de la relación especial del gobierno calderonista con el PRI.
* Para infortunio de Calderón, la alianza electoral con la izquierda no se refleja en el ámbito legislativo. Más aún, cuando estas líneas se escriben, el PRD en el Senado está denunciando al PAN por incumplir acuerdos previos en materia de telecomunicaciones. Ahora, tanto PRI como PRD comparten su desencanto con el PAN. Parece difícil que vuelvan a creer en él… Como lúcidamente escribiera Manuel Camacho hace unos días, todo es cuestión de operación política, pero no hay operación política que valga si no hay la expectativa de que se cumplan los acuerdos.